vuelve del horizonte

El gata y la bolsa

Apuntes sobre la edición artesanal.

Escucho el timbre del hogar. Pregunto quién es. Recibo un obsequio: una bolsa con una caja adentro. La tomo con una mano, la abro. Agradezco en silencio. Pompeya husmea. Se mete adentro de la bolsa. Corto con una tijera las manijas para que no se enganche con ellas y juegue. La gata y la bolsa ya son un mismo universo. Me voy al escritorio. Escucho la transformación de las cosas. El animal rasga el papel, lo rompe, desarticula su utilidad, lo pone a disposición (¿de qué?). Como materia libre, impresa por la fuerza de las patas de Pompeya, el papel entra en otro plano de la circulación. La poética resurgida nace vigorosa, se muestra espléndida en su accidente. Fracciona dobleces, señala como un espejo arrugas de un altiplano, una pampa blanca, lánguida de sueño. También es una piedra de mamut. Adentro es refugio. La escritura es invisible hasta que su sensibilidad coincide y entra en comunión con el ojo tormenta sol – tormenta agua. Pompeya se apoya sobre el papel diseminado y las baldosas de la cocina estipulan un orden para las páginas posibles. Por ahora, el papel solo y desértico le cabe el universo desconocido.

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