Leonardo Martínez

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La idea de hacer El Vendedor de Tierra nació en un viaje de Santiago del Estero a Buenos Aires. Volvía a mi ciudad después de visitar al poeta Alberto Tasso. Tenía 21 años y una obsesión: quería conocer muchos poetas y no sabía cómo. Pero sobre todo quería que la gente supiera qué escribían los poetas. Alberto me respondió que una posibilidad era editar una revista. Eso fue lo que hice con algunos amigos. Y lo sigo haciendo.
Pero antes de despedirme de Santiago a mi amigo Alberto le hice otra pregunta: ¿por dónde comenzar? ¿A quién ver? Ahí escuché por primera vez el nombre de Leonardo Martínez. “Andá a verlo a él”, me dijo. Lo llamé y me invitó a una lectura de poesía en la que iba a participar, en el Centro Cultural San Martín. Así que antes de estrecharle la mano lo oí diciendo sus versos.
Desde ese año, creo que era 1995, Leonardo no dejó de presentarme poetas, obsequiarme libros, recomendarme lecturas y escritores.
Fue fundamental para el crecimiento de El Vendedor de Tierra. Siempre estuvo, desde las primeras hasta las últimas páginas. Desde ese primer encuentro y para siempre.
Leonardo fue mi amigo, un amigo que escribía unos poemas del carajo.

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Una poética de lo fundacional

Ayer se presentó en la Ciudad de Buenos Aires el nuevo libro de Julio Salgado, Frias / Catábasis. El texto que sigue es el análisis que el poeta Leonardo Martínez preparó para la ocasión.

Libro Salgado

PAÍS DE LA SELVA, nombre con el que, acertadamente, Ricardo Rojas llama a esos retazos de la amazonia que avanzan en recios matorrales hasta las estribaciones de las serranías catamarqueñas, santiagueñas y tucumanas.

El país de la selva, nombre para despertar una infancia y echarla a correr por los parajes nutridos de quebrachos, mistoles, chañares, algarrobos y talas que cobijan panales, iguanas, quirquinchos, chanchos del monte, víboras de la cruz, cabras salvajes, al legendario kakui y la mulánima, entre otros seres naturales y sobrenaturales. Parajes del ensueño y la libertad donde los sentidos exploran, palmo a palmo los huecos del milagro.

En cada poema inauguramos la infancia, celebramos la infancia y la sacrificamos.

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Tacana o los linajes del tiempo

Tacana

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Leonardo Martínez presenta la reedición de su primer libro Tacana o los linajes del tiempo (editorial Lisboa), el viernes 28 de noviembre, en la Biblioteca Nacional, en la Sala Juan L. Ortiz, a las 19.

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Tacana

IV

Alguien murió en 1810
pisando el filo de los nuevos tiempos
Fue el Capitán Don Diego
Cerró los ojos en su carne de tientos
rodeado de rostros y objetos familiares
mientras miraba de soslayo el arcón repleto
sin soñar que espadas fraguas y puñales
desplegarían un deslumbrador lienzo
con degüellos matinales
sangre fresca en un cielo de lanzas y campanas
Asido al crucifijo
el cuerpo hirviente de piojos invisibles
rindió su alma repleta de miedo
a un cerril camino de celestes yugulares

El barro que sofoca

El barro que sofoca
El barro que sofoca

.Poemas de El barro que sofoca (el suri porfiado, 2013), de Leonardo Martínez

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AHORA Y SIEMPRE
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La berlina de luto donde se llevaron a mis próceres
estuvo durante años apoyada en el muro del cementerio
Hoy es basura del olvido
junto a los huesos de los míos
y los terrones de amor que todos fuimos dando
Pero mi padre es un dios hermoso y arrogante
que anda por los caminos
montando en un zaino
caracoleando frontino y negro
Mi padre es un dios bello y destronado
que sigue reinando en un lugar distinto
Mi padre es un dios-caballo de belfos dulces
Qué camino desandará para volver conmigo
En qué berlina vendrá para ser mi hijo
Hay un sur ahora
y un norte desde siempre
Hay una berlina
Un padre-dios-caballo
y un punto cardenal que anula la rosa de los vientos
El cuerpo de mi padre
semeja una mezcla de futuro y luz
en las leguas de su galope
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Los ojos de lo fugaz

 

Poema de Los ojos de lo fugaz (Ediciones del Dock, 2010), de Leonardo Martínez.

 

LAS SANTITAS

 

De tan humildes

nadie les conocía el nombre

Las llamaban las batateras

Sin registro en medio de los vivos

vestidos de frío y temblonas

salían de los inviernos a la oración

a vender batatas

Las cosechaban en una tierrita

junto al río

y con el moro chuzo

tirando del carrito cargado

iban ofreciendo la mercancía

centavos de pulpa dulce

de la tierrita junto al río

 

Un día murió la madre

Por las encrucijadas las hijas

salieron a mendigar velas

Mi hermano les llevó unas cuantas

Dentro del rancho

estaba la muerta tendida sobre la mesa

y cañas huecas clavadas en el piso

hacían de candeleros

 

Por las paredes se colaba el zonda

y los sollozos un mayar de gatos

en la nochecita

Ha pasado más de medio siglo

y todavía me acuerdo

no apareció el cura

ni se acercó un vecino

Las pobres hicieron un cajón de tablas

Necesitaron muchas y muchos clavos

y alambre para un cajón fuerte

 

La enterraron un día crudo

de luz indecisa

Más a la tarde

con su carrito y el moro chuzo

partieron las hijas

hacia las tinieblas

al fondo del invierno

 

a la poeta Ruth Fernández

El abrigo salvaje

Las tierras naturales, de Leonardo Martínez

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Por Alejo González Prandi

Quizás la única puerta que el poeta dispone para siempre ser fiel a su poesía es entregarse por completo y en plena libertad a sus más profundas obsesiones y al universo único de su emoción. En Las tierras naturales, Leonardo Martínez sigue vislumbrando y entretejiendo los elementos y los personajes custodios de su razón poética.

La infancia, los nombres que pueblan la infancia, las muertes, la memoria de las voces y la vida de esas voces en un destino común, el padre, la madre, la familia, los ancestros, la amistad: ese cambio de oxigeno y de arena en el desierto. Como marca el título de uno sus libros, la palabra de Martínez continúa en Jaula viva. Una palabra que parece reavivar bajo todos los medios las cenizas, aunque no se detiene en esa obstinación y busca el goce por la tierra, los amigos, el silencio de los árboles, a pesar de la vida difícil.

Todo vuelve, pero renovado y como si sucediese por primera vez. En El señor de Autigasta (1994), el poeta nos dice: “Mi padre/ heredó de viejo/ la casa y los alfalfares de mis abuelos.” En asuntos de familia (1997) regresa a la primera morada: “Nosotros sabemos que en la casa del padre muerto/ enciende la lámpara mientras los perros lamen/ las puertas cerradas del invierno”. Estricta ceniza (2005) continúa el viaje paterno: “Mi padre me escucha/ mi padre me enamora desde la muerte/ mi padre es el aquí el momento”. La obra recién publicada por Ediciones del Dock reafirma esa presencia vital: “¿El Abisinia la Venancia/ mi padre joven moribundo/ fueron sólo pies sin cabeza?”

La madre y las mujeres que pueblan los mitos y las sombras de los primeros años encarnan un eje de innumerables connotaciones y espejos en la palabra de este vate catamarqueño. “Me pregunto/ dónde estarás madre/ si las puertas han sido derribadas/ y las palabras llamándote,/ soplan como vidrios soplados/ hasta la desesperación”. Mujeres como doña Bersabé, doña Goya, la niña Carlina, la Eteljiva, la tía Isidora, la señora Zósima acercan su propio fuego con recuerdos de primeras lecciones, músicas, alquimias de mercados, mundos prohibidos en un territorio de hombres violentos. Y en toda esa peregrina visión de acontecimientos a lo largo de los años, persisten los interrogantes y las sentencias en Las tierras naturales: “¿cómo vivir? ¿en qué lugar?/ ninguna parte es la casa que nos corresponde”.

En una entrevista que le realicé al poeta para la revista El Vendedor de Tierra, en marzo de 2005, dijo acerca de su obra: “Indudablemente hay, en una ínfima medida, una especie de rescate del tiempo perdido. No quisiera de ninguna manera usurpar el dominio de (Marcel) Proust. Creo que cada uno, a su medida, busca restaurar el tiempo. La memoria es una especie de trampa por la cual uno piensa que está rescatando su esencia. Uno trata de reparar las heridas del tiempo. Y vuelvo a utilizar estas palabras: para restaurar. ¿Para restaurar qué? ¿Qué? Para restaurar…”.

GENEALOGÍA DEL DESEO
… y los padres de los padres de los padres
de los tatarabuelos de mis padres
esos Tales esas Cuales
las Zósimas los Baltasares
sus palabras en conmemoraciones de arena
sus miradas en las de mi Angel Custodio
Sabía del Cristo en la Sagrada Forma
porción de engrudo asado entre dos planchas
que Reales y misteriosos Poderes
convertían en Dios vivo
En mi primera comunión
se entrecruzaron pecados de la carne
omisiones y mentiras
De acuerdo a la catequesis recibida
aguardé caer muerto
encogido en vómitos de sangre
Nada de eso
Sólo una fiebre de niño
extraviado catecúmeno en los laberintos
del sopor frailuno
Volví a la vida como un francisco renovado
Abundaron entonces los juegos placenteros
el espiar constante
los tocamientos
el dormir atisbando la vecindad de un sexo
No me acosaban los abuelos
Sus memorias funcionaron
como torrente de aguas generosas
Los padres de los padres de los padres
de los tatarabuelos de mis padres
fueron aires libres
tutelares

Publicado en el blog La Víspera, en 2007

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Las tierras naturales

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Por Andrés Haedo

Las tierras naturales es el último libro de Leonardo Martínez, editado por Ediciones del Dock.

Desde el primer poema llama la atención la originalidad del discurso, las vibraciones del poema extenso, con pluralidad de voces y sujetos dan cuerpo a una poética donde toda palabra puede estar incluida, así el autor confirma que toda palabra es poética.
Hay además expresada una visión del mundo, digamos inmanente, dónde el poeta se pregunta por el dolor que atraviesa la existencia. La visión está presente en todo el libro, pero tiene como núcleo un poema que es central: Prueba de la existencia del amor.

Es este dolor, la presencia del mal y de lo injusto lo que  termina apartando su mensaje lírico de toda posibilidad de fe o salvación.

En este contexto, sólo la poesía deja un rastro de lo auténticamente trascendente del hombre.

Como música de fondo está presente el momento del ocaso, que cede el paso a la noche. Este paisaje se desarrolla en un doble sentido, por un lado es el paisaje sombrío del mundo que el autor despliega para formar el juego de luces apropiadas para su escenario y, al mismo tiempo el poeta mismo, se identifica en su persona con este paisaje que es netamente existencial: Atardezco / Pronto me alcanzará la noche / y la oscuridad será mi madre.

Una última consideración personal: de los libros de Leonardo este fue el que más me gustó, hay una tensión que se mantiene a lo largo de todo el itinerario poético, es un libro jugado que logra lo que se propone, conmueve y lleva a la reflexión.

 

PRUEBA DE LA EXISTENCIA DEL AMOR
La vida en la vida de charcos y mares
en alturas escasas de oxigeno
abismos y desierto pampa
selvas tan viejas como el dolor
en triglicéridos a los veinte años
leucemia a los quince
escoliosis múltiple a los doce
no es fácil vivir
tumores como frutos colgados en racimos
quiero una pera un durazno
un poco de almíbar
no es fácil vivir
la sal no ayuda
el azúcar tampoco
el agua es nido letal
todo el mundo se come a todo el mundo
larga chorros fementidos
derrama llantos de luto o de acabadas felices
lo contradictorio se nutre de lo contradictorio
la muerte es multiplico
limo hediondo que florece
no hay hielo en la muerte
           sí combustión
           sí floración
nos hartamos de tantísimo proceso
de la lucha por salir del caos
que no es caos
más bien mecanismo preciso
más bien precioso
no podemos levantar cabeza sin embargo
a menudo hay un pie o una mano que nos hunde
palabras que sofocan hasta la asfixia
pero jamás creí en salvación alguna
me preguntaba ¿salvación de qué?
del despliegue de siglos
del horror del paraje
no pertenezco a lugar
¿la arena se emociona cayendo hora tras hora?
no pertenezco a lugar a sitio a siglo
el péndulo se detiene
aguardo
empieza la misa
de rodillas y en éxtasis la muchedumbre
canta gloria de luz por siempre
los que estamos fuera
los no nacidos no queridos huérfanos
los que perduramos en el hambre
caemos en la sima hondísima
y ellos
los otros
creen haber salvado pellejo
pero la palabra ha sido vulnerada
¿dónde el amor?
del amor no se sabe nada
la poesía y el amor no se explican
                      la poesía es a única prueba concreta
                     de la existencia del hombre

entonces dónde el amor
la poesía dónde
sólo vemos rapiña
y deposiciones para resguardar el nicho
nos parece bien el matadero
torcerle el cuello a la gallina
degollar el buey
dispararle al ciervo montaraz
a la paloma silvestre
nadie se salva
ni la cuchara sabia en supervivencia
menos el vagabundo el desposeído
el lujoso automóvil pasea el pensamiento
el arte es detalle en la gula de la inteligencia
dentro de una máquina de hacer dinero
el corazón de cada cual se ahoga
¿cómo vivir? ¿en qué lugar?
ninguna parte es la casa que nos corresponde
Al cabo
la adorada ave de pecho rutilante
bajo el árbol de las apariencias
alimenta galaxias con su leche
para luego engullirlas
amante caníbal del alma
su imagen es de lámpara marchita
sin embargo respira y vibran los espacios
los morteros los molinos los ingenios
al silbo de su aliento de búho
fabrican la lluvia revientan el trueno
ella nos dona sismos tempestades
calmos espejos de cielo
lunas removidas en los escombros
del ayer del pasado
en sus ojos líquidos ruge el amor
a dentelladas desgarra los días y las noches
su resuello es camino de mareas
por él vamos y venimos
sin orillas
sólo música

Publicado en el blog Liendres

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Poemas de Leonardo Martínez

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SELVA

Neurasténico es lo que soy
Loco me dice
La rabia acomete
y la angustia es la dama de uñas afiladas
que desgarra el vientre
Me encierro en mis cuarto horas
días enteros
con las ampollas de morfina y la jeringa listas
Pero no
no soy Emilio
             Luis Raúl
                    o Saturnino
Ellos se inyectan y son felices
El láudano también los ayuda y el ajenjo
Salgo poco de mi dormitorio
sólo para ir al excusado atravesando el patio
Si la depresión es feroz
un lavatorio suple la letrina
El revólver de mirada glacial
está a la vista en el velador
Cuando me pongo bien
soy amable y minucioso con los enfermos
Tengo fama de médico acertado
Así toleran lo que llaman mis extravagancias
En el fondo mis hermanos tienen razón
Ellos viven el detalle de sus sentimientos
o de sus torpes inclinaciones
Por el contrario
mi mundo es el de pasiones y apetitos enjaulados
Aún así estoy criando un hijo
Sufrirá el pobre en la aldea impiadosa

Durante mi almuerzo
mi padre
calcado de estampas del siglo dieciocho
me prohibió flirtear con Selva
según él mujer pluma
indigna de la tribu
Bajé la cabeza y seguí sus órdenes
como sigo las de mi madre
que antes de morir me hizo jurar soltería
Al tiempo descubro
mi padre durante años
frecuentó a la madre de Selva
de mi Selva alta y morena de andar soberbio
la del rodete como una gran corona antigua
diosa magnífica generosa con su cuerpo
nada santulona mi hermana Selva

Después vino la soledad   el aislamiento
Selva que paseaba en automóvil
Selva casada con don nadie peronista
Selva que moría de parto
Selva carne corrompida
Selva en la memoria
Selva ampolla de morfina
Selva de ajenjo y láudano
Selva revólver de vello frío
Selva despiadada negándose la muerte
Selva de luz y de agonía
Selva color selva de ojos selva de pubis selva

Oigo su voz lejos
Viene de un lugar incierto
como de postal oriunda por el tiempo
Abre la puerta
Está ahí todo lo suyo
Muestra el baúl sin cerrojo lleno de palabras
la mesa lista para recibir al comensal
la cama en espera de la muerte
y su suave desnudez
                            árida
                                   opaca
junto a un teléfono absoluto

a María Julia Magistratti
       y Leopoldo Castilla

(del libro Estricta Ceniza, 2005)

 
Miro tu fotografía
aquella en el Huayna Pichu
Estás sonriente
El leve aire de la cumbre desordena tus cabellos
No logro fijar la fecha
quizás sea la de una eternidad perdida
Disimulando en los pliegues de un nunca
callabas un adiós
suerte de huesecillo
jamás pronunciado
Recién ahora me doy cuenta
deambular por otros cielos
meter las manos   probar las heces
lamer el ácido de una piel triste
entrar en su corriente
eyacular dormir
es dormir dentro de vos durmiendo

(del libro Jaula Viva, 2004)

 
Todas ellas
madres tías madrinas abuelas
la multitud de primitas
las hermanas que no tuve
mis sobrinas del aire
las novias de la fiebre
la infinita servidumbre de mujeres
todas ellas
hilan y tejen y destejen
trepan a trenes sin destino
y se alojan al borde de la madrugada
en casas ruinosas
donde miran pasar alborotos de la vida
Cumplieron con los preceptos morales
y también con los inmorales
Vivieron de oraciones y novenas
de comida de llanto
de alegrías moribundas
matizadas de sexo mezquino y subrepticio
Están quietas
junto a una pared de sombra
condenadas a dejar pasar la vida
a negarla
ellas
mis viejas diosas

(de libro Asuntos de Familia y otras imposturas, 1997)

FELIPE VAREL MURIÉNDOSE EN NANTOCO

Aquí estoy
con la muerte
apagándome los sueños
callándome la vida
Dejo una heredad de sombras
y gritos comidos por los médanos
un pañuelo para tapar mi rostro
y sangre que vertí para fecundar mi tierra
No debí luchar
ni dar hijos
ni enganchar amigos para la aventura
Fue un sueño hacer la guerra
una poesía   el fusil
amor, el llanto y las heridas
el hambre fue esperanza en las vigilias
Las derrotas me dejaron solo
A mis amigos los enterró el viento
y los que sobreviven me olvidaron
en sus infortunios
No ganaron los otros
Ellos también perdieron
No lo saben
Quizás solo lo sepan
cuando se derrumbe el tiempo

(del libro Ojo de Brasa, 1999)

Publicado en EVT on line, en mayo de 2005

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