Una mirada sobre Recién despierta

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Foto: Analía Medina

 

El 30 de junio pasado presentamos junto a Mercedes Dellatorre y Gerardo Montoya un gran libro de Luciana Ravazzni: Recién despierta (Alción editora, 2017). Lo que sigue es el texto que leí durante el encuentro.

Vuelvo una y otra vez a Recién despierta, como si fuera un mantra, un océano inclasificable, de precisión incierta, donde dialogo con los navegantes y las órbitas que comulgan con su tiempo y territorio. Por momentos aguardo indicios, puertas iniciales para una clasificación o una cartografía que delimite su lectura. Pero la poética de Luciana siempre traslada a una zona de riesgo, allí donde medir consecuencias y apuntar la efectividad de un verbo carece de sentido.

A primera vista, los títulos de sus libros sugieren, casi amablemente, un recorrido por un jardín o a una costa serena. Sin embargo, una vez adentro hay que saber nadar. La marea es alta y el tejido de la red no perdona. Luciana vive en su mirada de poeta. De allí parte y crece su lugar de observación. Refiere y ocupa el lugar casi anónimo, el íntimo, el lejano al centro, el que apenas susurra, pero el que, al final, se abre sin concesiones, tanto a los paraísos como a los infiernos.

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Llega Recién despierta

Recién despierta

Hoy, vamos a presentar un gran libro: Recién despierta, de Luciana Ravazzani (Alción editora), junto a Mercedes Dellatorre y Gerardo Montoya. La música estará a cargo de Lucía Besfamille.

Según escribe Leticia Martin en el prólogo, “Recién despierta trata sobre la reconstrucción emocional de una mujer capaz de amar. Su arquitectura narrativa, dividida en cuatro estaciones -primavera, verano, otoño e invierno– nos recuerda que, de algún modo, la naturaleza ordena nuestra vida pese a nosotros mismos, y nos sugiere qué ropa necesitamos para abrigar nuestro cuerpo, o cómo adecuar nuestras actividades en relación al clima. Los más nostálgicos enumeran las estaciones del año al revés, a partir del otoño, como en retrospectiva. Otoño, invierno, primavera y verano. Los más felices lo hacen desde la primavera. Porque al hacerlo así, sin querer, la ubican al comienzo. Así da inicio a este libro Luciana Ravazzani. Comenzando por la estación del reverdecer y el brote”.

Además destaca que “el acento está puesto –si se sabe leer con atención– en la fuerza femenina, en el modo en que una mujer se restaura, en la decisión de mirar de frente, a los ojos, y de escribir. No es el modo en cómo se desploma el cuerpo sobre un sofá donde hay que buscar la clave, sino en el segundo siguiente, apenas después, cuando las piernas reciben la orden de sostener la humanidad, de pie, sin lamentarse, pero permitiéndose llorar. ‘Escribir es otra cosa’, –afirma Ravazzani. –’No es hacer de cuenta que no pasa nada. Es todo lo contrario. Es pellizcar a los dolores, retorcerles las orejas hasta la tortura, hacerlos confesar sus verdades’”.

“Todo el libro es una oda a los detalles, esos movimientos cotidianos, invisibles, a veces efímeros, que por la suma de repeticiones horadan la vida, tallan el deseo y perfeccionan la escritura. Se puede cambiar de clima, de ropa, de estados de ánimo, pero nunca se deja de lado cierta poética del espacio que se habita, ciertas lecturas, la práctica de escribir como quien toma aire con intención y aplomo, cada mañana”, afirma Martin.

Luciana Ravazzani nació en 1981 y es psicoanalista. Recién despierta es su cuarto libro. Es el primero de relatos. Antes había publicado los poemarios El ombligo de las naranjas, Intenciones de hablarte y Desde las bisagras.

La presentación es a las 20 hs, en Influencias, Carlos Calvo 2913, San Cristobal, CABA.

A mano con los libros

En Valparaíso, el poeta chileno Rodrigo Arroyo confecciona libros de forma artesanal bajo el sello Ediciones Inubicalistas. Autor de Chilean Poetry (2008) y Vuelo (2009), en esta entrevista cuenta cómo lleva adelante ese proyecto, opina sobre la “independencia” de la editoriales de poesía y sus planes con editores de Argentina.

¿Cómo surgió la idea de crear Ediciones Inubicalistas?

El nombre en sí viene de una revista que Felipe Moncada Mijic dirige, llamada La Piedra de la Locura, y en el cual se describe el Inubicalismo como una postura crítica e irónica frente a la literatura, o las escenas literarias que se van formando en el tiempo. La idea surge por tener un espacio que de cabida a textos o poéticas que, no todas en la práctica lo son, estén fuera de las líneas que dichas escenas suelen generar en su actualidad.

¿Quiénes te acompañan en el proyecto?

Trabajo con un gran amigo, poeta y físico, Felipe Moncada, quién lleva cinco libros publicados (Irreal, Carta de Navegación, Río Babel, Músico de la Corte, Salones) y ocho números de La Piedra de la Locura.

¿Dónde y cómo editan los libros?

Vivimos y trabajamos en Valparaíso, en la casa. Hacemos los libros en forma artesanal; diagramamos con Pagemaker, que sí, está discontinuado, e imprimimos en casa. Usamos impresora de tinta líquida –inyección- y de polvo –láser-. Luego doblamos los cuadernillos impresos y cosemos los libros manualmente. Las portadas las hacemos con cartulinas de de colores y texturas diversas, imprimiendo sólo el título, con serigrafía, o bien en las mismas impresoras. El único trabajo externo es el guillotinado, que lo hacemos en imprenta.

¿Qué títulos publicaron hasta ahora y cuáles están en la lista de espera para este año?

Prefiero nombrar los libros publicados, y omitir los no publicados. Pues nunca es algo completamente seguro. En poesía, Vuelo, de mi autoría; La derrota del paisaje, de Antonio Rioseco; Memorias del Bardo Ciego, de Bernardo González Köppman; Urdimbre; de Julieta Marchant; Fiesta del Alfarero, de Alejandro Lavín. En plaquettes de poesía, Nimbo, de Valentina Osses; Ferrocarril Belgrano, de Jorge Polanco Salinas; Los hijos suicidas de la Mistral. Antología Poética de Jóvenes del Valle de Elqui, de Leonidas Lamm; Sátiras, de Víctor Hugo Saldivar. En cómic, Remi el Paletero, de Sebastián Moncada.

¿Qué tienen en cuenta al momento de elegir un libro para editar?

Que sea un libro que nos interese poéticamente y mantenga, aunque no resulte exclueyente, cierta distancia, con lo novedoso cuando ello es vacuo; cuando sólo alude a la actualidad de los referentes que se posean. Principalmente que su desarrollo sea a partir del lenguaje.

¿Cuál es tu opinión con respecto a la situación de las editoriales de poesía independientes, como es el caso de Inubicalistas?

Es bien irregular el concepto de independencia, porque nunca se especifica respecto a qué es lo que se es independiente. ¿Independiente de dineros estatales, del mercado, de las instituciones? En nuestro caso el financiamiento lo aporta el autor, y cuando ello no es posible lo asumimos en forma compartida; no hemos participado de fondos de gobierno ni de instituciones. Asimismo somos independientes del mercado, pues no distribuimos en librerías. Y somos también independientes de referencias críticas, pues no las buscamos sino las que surgen espontáneamente, o bien el autor solicita por su cuenta. Por lo mismo nosotros dedicamos textos críticos, o presentaciones a los libros que hemos editado, pues creemos forma parte del proceso mismo de edición y factura.

Creo que una forma de ver, la nuestra al menos, la independencia es poder trabajar un texto que ha desarrollado un trabajo serio con el lenguaje y está ahí, fuera de lo que ocurre, y con mínimos materiales lograr un objeto-libro de la más elaborada manualidad.

Hace poco tiempo estuviste en Buenos Aires leyendo tu poesía, ¿mantenés contacto con editoriales y poetas de Argentina?

Hasta antes de ir, casi nada. Digo, conocí a Martín Gambarotta en el año 2009, en Valdivia, y conocía a Funes Oliveria, y las exQuetrófilas –Marian Lutzky, Xim Venturini, Valeria Tentoni y Laura Latanzi-. Pero ahora pude conocer más gente, además, con La Funesiana –la editorial de Funes- estamos trabajando juntos para que nuestros libros puedan distribuirse, y elaborarse allá, por encargo. Digamos, luego de difundirlos.

¿El trabajo de editor influyó en tu escritura?

No, y en cierto modo sí; pero como ocurriría de igual modo al mantenerme leyendo. Lo que sí se afina el la atención a diversas formas de escritura, a ponerle atención a detalles a los que no le daba mayor atención en relación al hecho mismo de escribir. Pero no así en la poética. Es más bien una influencia de oficio, que sí bien es importante, para mí no tiene una relevancia mayor; digamos, lo veo –al oficio- siempre subyugado a lo que el pensamiento o la crítica, atravesados por la experiencia, puedan plasmar en el lenguaje.

(Leer poemas de Rodrigo Arroyo)

Apuntes sobre El Deshoje

Hace ya más de dos años, el poeta Ariel Williams escribió una nota sobre El Deshoje (Último Reino, 2007). En su momento, intenté acercar una síntesis de ese texto a alguna revista de poesía pero no tuve suerte (el original tiene una extensión de cinco páginas). Si lo publico ahora es porque el tiempo transcurrido me permite una observación diferente, más distante, sobre mi libro y el trabajo de Williams.

Alejo González Prandi

Para leer nota de AW

Para leer El Deshoje

Recibimos 89 golpes y un whisky

Agradecemos a Pablo Queralt el envío de su libro.

7
La canción que ellos cantaban
Se metió
En el ritmo
De mis palabras
Tiene gestos salidos
De un cuadro de Bacon
Enloquecido en el trazo de sus líneas
Que impone el aire
De una manera desconsolada
Viviente en lo que escribo.
.
Pero estaba intacto o creía
Y empecé a lagrimear
A ponerme viejo
Amarillo
Como un jinete
Por la ventana
.
Llegando tarde en la campana
Al disco
.
Pero aquí adhiero a Demócrito
Y a su pensamiento
Que saque de la grieta
Entre los ladrillos
Coronados de polvo.