Llega Recién despierta

Recién despierta

Hoy, vamos a presentar un gran libro: Recién despierta, de Luciana Ravazzani (Alción editora), junto a Mercedes Dellatorre y Gerardo Montoya. La música estará a cargo de Lucía Besfamille.

Según escribe Leticia Martin en el prólogo, “Recién despierta trata sobre la reconstrucción emocional de una mujer capaz de amar. Su arquitectura narrativa, dividida en cuatro estaciones -primavera, verano, otoño e invierno– nos recuerda que, de algún modo, la naturaleza ordena nuestra vida pese a nosotros mismos, y nos sugiere qué ropa necesitamos para abrigar nuestro cuerpo, o cómo adecuar nuestras actividades en relación al clima. Los más nostálgicos enumeran las estaciones del año al revés, a partir del otoño, como en retrospectiva. Otoño, invierno, primavera y verano. Los más felices lo hacen desde la primavera. Porque al hacerlo así, sin querer, la ubican al comienzo. Así da inicio a este libro Luciana Ravazzani. Comenzando por la estación del reverdecer y el brote”.

Además destaca que “el acento está puesto –si se sabe leer con atención– en la fuerza femenina, en el modo en que una mujer se restaura, en la decisión de mirar de frente, a los ojos, y de escribir. No es el modo en cómo se desploma el cuerpo sobre un sofá donde hay que buscar la clave, sino en el segundo siguiente, apenas después, cuando las piernas reciben la orden de sostener la humanidad, de pie, sin lamentarse, pero permitiéndose llorar. ‘Escribir es otra cosa’, –afirma Ravazzani. –’No es hacer de cuenta que no pasa nada. Es todo lo contrario. Es pellizcar a los dolores, retorcerles las orejas hasta la tortura, hacerlos confesar sus verdades’”.

“Todo el libro es una oda a los detalles, esos movimientos cotidianos, invisibles, a veces efímeros, que por la suma de repeticiones horadan la vida, tallan el deseo y perfeccionan la escritura. Se puede cambiar de clima, de ropa, de estados de ánimo, pero nunca se deja de lado cierta poética del espacio que se habita, ciertas lecturas, la práctica de escribir como quien toma aire con intención y aplomo, cada mañana”, afirma Martin.

Luciana Ravazzani nació en 1981 y es psicoanalista. Recién despierta es su cuarto libro. Es el primero de relatos. Antes había publicado los poemarios El ombligo de las naranjas, Intenciones de hablarte y Desde las bisagras.

La presentación es a las 20 hs, en Influencias, Carlos Calvo 2913, San Cristobal, CABA.

Lecturas de poetas: Luciana Ravazzani

Luciana

¿Qué libros estás leyendo actualmente?
Estoy leyendo Las olas, de Virginia Woolf.

De los últimos que leíste, ¿cuáles recomendás y por qué?
De los últimos libros que leí recomiendo Los galgos los galgos, de Sara Gallardo porque posee una poética particular y porque los ambientes en los que transcurre la novela (la cuidad, el campo, París y de nuevo el campo) son muy visuales.
También recomiendo Sillas en la vereda, de Cecilia Sorrentino. Es una novela de una sencillez y una sensibilidad difíciles de encontrar.
Otro libro que me parece recomendable es La isla de la infancia de Karl Ove Knausgård, el tercer tomo de Mi lucha porque es una novela autobiográfica donde el autor cuenta su niñez en Noruega y la visión de un niño siempre es igual de oscura como luminosa.
En materia de poesía, un libro como Polaroids de aeropuerto bajo lluvia y otras breves escenas sin Bruce Willis, de Macarena Trigo, es una experiencia por la que no habría que dejar de pasar porque es un libro que duele al mismo tiempo que cura, por otra parte, la única manera de sanar que conozco.
Lo mismo que Endeveras, de Jorge Leónidas Escudero. Es poesía desde lo más profundo con elementos que a simple vista pueden confundirse con superficiales.

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Una vida azul y hermosa

Luciana-Ravazzani
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Te contaría la única historia de un frasquito,
de un señor que arrugaba la cara para leer,
del sol que entraba por la ventana aquel día,
te contaría de tiras, pares y minutos,
te enseñaría a atarte los cordones en una plaza,
te tendría en mis rodillas si tuvieran que sacarte sangre,
te daría premios al coraje en los quioscos,
te cantaría en colectivos, trenes y al borde de la cama,
miraría dibujos animados con vos,
libros sobre dinosaurios, lombrices en el jardín,
pegaríamos fideos o polenta
dentro del número nueve para hacer la tarea,
pintaríamos con acuarela
y yo no sabría cómo dibujar un avión,
dormiríamos la siesta de la mano,
tendríamos una vida azul y hermosa
en la casa de las rejas grises.
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(De Desde las bisagras)

Arte de la mirada

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.Desde las bisagras, de Luciana Ravazzani

El radio de observación de una escena puede variar, pero no la intimidad de la mirada. La escritura del poema en Desde las bisagras mantiene el trazado de su línea de horizonte, más allá de las distancias o cercanías: márgenes donde conmueve una activa contemplación. El eje que narra cada escena parece provenir de un mismo lugar, una voz que acompaña, contiene y se mantiene firme desde donde dice. Ahí el vínculo secreto de una poética que no se traiciona.

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Poemas de Luciana Ravazzani

(Pánico el Pánico, 2012)

Conocías de sabores raros de helados,

sabías sobre técnicas de bronceado seguro,

copiabas recetas de nueces y aceites de madres de tías,

te gustaba la coca cola con limón

como la servían en lo de Marta.

Tu vida giraba en la visita a tres o cuatro casas,

tuve suerte con las hijas de tus amigas,

de regreso en taxi algunas veces no quejábamos igual

y nos sentíamos más solas pero más unidas.

Te escribo de tres en tres, por pedacitos,

me acuerdo de vos y busco papel y lápiz,

algunos recuerdos se me escapan siempre, invariables.

La enfermera vestida de rosa,

esas incoherencias que tiene el dolor,

me dijo: “si quieren pueden hablarle”.

Yo no le creía porque vestía rosa,

porque parecía saber,

porque dijo: “el oído es lo último que se pierde”.

“La esperanza está primero” le dije,

entonces, no respondió.

¿Sabía caminar? Sí, sabía caminar,

era así, pero los pasillos…

De llorar tenía que olvidarme ahora

porque ¿sabía qué decir?,

me habían dicho que a la mañana,

¿reanimar? pero ni yo había podido darle ánimo,

ya no me creía, el médico tan joven

estaba contento con sus palabras,

el gérmen, decía y yo ahí sí podía llorar

que no iba a poder decir nada más.

Las primeras horas de tu muerte no fueron horas,

algo se había detenido en el corazón, el entendimiento.

Y de repente yo seguía viva y tuve hambre,

tuve hambre como una sensación nueva,

es que iba a tener que aprenderlo todo otra vez.

Las primeras horas de tu muerte no fueron horas,

algo se había detenido en el corazón, el entendimiento.

Mamá: podría ser ésta una carta en verso

aunque optaría por hablarte en otras circunstancias.

Una vez alguien dijo que las cartas esperan respuesta

y puede ser, yo sé que no es posible, hace unos meses

que no estás en boca de nosotros, nadie dice

de tu postura de hombros levantados como si fueran

a tomarte una fotografía en cualquier momento.

Decías, no iba a ser tan alta como vos y tenías razón,

después llamabas a la mía una buena altura

tu consuelo pacíficamente embustero,

como mi duelo a que no me faltaba tanto.

Nos medíamos en la enorme cocina de la abuela.

Así jugábamos, mamá, nos reíamos de esas cosas

aunque no nos llevaran en verdad a ningún lado.

No queríamos llegar a ninguna parte,

si ya estábamos juntas qué hacía falta.

Luciana Ravazzani

Una de las características de Intenciones de hablarte (Pánico el Pánico, 2012) es haber llegado a la tierra donde se funda la buena poesía: siembra hecha de emoción e idea. Ahí la celebración y agradecimiento del lector. Este segundo libro de Luciana Ravazzani vibra a través de una elegía  de correspondencias, aunque esas cartas ya no esperen respuesta. La autora arroja sobre el vitró de ciertos actos y ejercicios de la intimidad, los perímetros, las acciones y fluctuaciones de un vínculo que la memoria se obstina en seguir acariciando. En lo pequeño figura la inmensidad, nunca remarcada, de escenas descritas con intensa observación. O aún más: ¿acaso hacer visible lo invisible no está en el ser mismo del poeta? Incluso puede develar las múltiples máscaras del mundo: “La enfermera, vestida de rosa,/ esas incoherencias  que tiene el dolor,/ me dijo: ‘si quieren pueden hablarle‘”. Las tres partes del libro (Los días, Diario del Hospital, Los días del después) no son marcas en una línea de tiempo. No necesariamente los hechos están ordenados. El principio, otra vez, puede ser una continuidad. La poesía de Ravazzani dice, desnuda, es fiel a su necesidad.